Como nos dice la Sagrada Escritura en el Santo Evangelio según san Mateo 10, 7-15. “En aquel tiempo, envió Jesús a los Doce con estas instrucciones: “Vayan y
proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los
leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los
demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues,
gratuitamente.
No lleven con ustedes, en su cinturón, monedas de oro, de plata o de cobre. No
lleven morral para el camino ni dos túnicas ni sandalias ni bordón, porque el
trabajador tiene derecho a su sustento.
Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, pregunten por alguien respetable y
hospédense en su casa hasta que se vayan. Al entrar, saluden así: ‘Que haya paz
en esta casa’. Y si aquella casa es digna, la paz de ustedes reinará en ella;
si no es digna, el saludo de paz de ustedes no les aprovechará. Y si no los
reciben o no escuchan sus palabras, al salir de aquella casa o de aquella
ciudad, sacúdanse el polvo de los pies. Yo les aseguro que el día del juicio,
Sodoma y Gomorra serán tratadas con menos rigor que esa ciudad”.
Así es nuestra vida, la vida misionera. No llevamos ni
alforja ni bienes materiales, solo la Palabra de Dios, fuego en el alma donado
por el Espíritu Santo y el amor al prójimo que viene del Padre Eterno.
Entre los días 7 al 16 de marzo de 2026, pude compartir con
los hermanos y hermanas de Antequera unos días de convivencia. Estuve en
numerosos colegios, parroquias y también en los conventos del lugar. Resulta
muy gratificante comprobar como el Espíritu Santo mueve los corazones de los
niños y niñas, jóvenes y adultos, cuando se da testimonio de Cristo y de la
vida misionera. Algunas de esas personas, han regresado a la Casa de Dios
después de muchos años de ausencia. Como dice San Pablo en la I Carta a los
Corintios 9, 16 “Pues ¿cómo podría alardear de que anuncio el Evangelio? Estoy
obligado a hacerlo, y ¡pobre de mí si no proclamo el Evangelio
”Vivir es Cristo. Vivir es Misión. Vivir es evangelizar. Y ¡pobre de mí sino lo hago!.
P. Victor Kouandé MCCJ
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