1 jun 2026

De la adoración a la misión


El día 21 de mayo 2026, durante la Semana Misionera. La comunidad parroquial de San Juan Bautista de Hortaleza se reunió en torno al altar para celebrar una Hora Santa profundamente misionera. En este encuentro contemplamos el misterio de la unidad y el amor divino para, posteriormente, ser enviados como luz del Señor a los rincones más necesitados de nuestro barrio. 

A través del silencio, el canto, la oración y los gestos simbólicos, transformamos la adoración en una respuesta activa al mandato de Cristo. Isaias 6,8: «Y oí la voz del Señor que decía: "¡A quién enviaré, y quién irá por nosotros?" Y respondí: "Aquí estoy: ¡envíame!"» nos hizo entrar en un momento de profunda adoración, para responder con nuestra vida a la invitación de Dios.
Comenzamos el encuentro comienza con la Exposición del Santísimo Sacramento. Cantos, la lectura del profeta Isaías:

En un segundo momento buscamos acallar los ruidos externos para escuchar en la intimidad de Dios en el alma. La adoración se vuelve personal y comunitaria a la vez, fundamentada en el deseo de habitar en el corazón de Cristo. Nos acompaño la lectura del evangelio de San Juan 17, 20-26 «Que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti» en donde el Señor pide de manera explícita que sus seguidores vivamos perfecta comunión. Durante este momento realizamos una dinámica personal, donde cada asistente escribía en un Post-it: A que lo llama el Señor en su vida concreta para en su amor y construir comunión en su entorno diario. El tercer momento fue, el momento misionero el del envío, la adoración no concluye en el templo; se prolonga en la vida diaria. En este bloque, la oración contemplativa se dinamiza y se proyecta hacia la misión universal y local. 

Colocamos a los pies del altar un mapamundi junto a tarjetas con los nombres de diversos colectivos de nuestra realidad: enfermos, jóvenes, familias, institutos y los diferentes grupos parroquiales. 
Cada participante se acercó al altar y encendió una pequeña vela desde la llama de la lámpara del Santísimo, es Jesús mismo que nos envía a vivir la adoración en la vida diaria. Se coloco la pequeña luz sobre el mapa o sobre la intención específica por la que desean interceder. Este gesto simbolizó el compromiso de llevar la luz de Cristo a esos ambientes que tenemos en nuestro barrio pero que a veces pasan desapercibidos a nuestra mirada. Si la adoración no concluye con una acción misionera no sería adoración, el Señor nos impulsa a salir al encuentro del mundo con alegría y valentía.
Sin duda que fue un momento entrañable, en donde el encuentro con Dios nos impulsa a llevar la buena nueva de su amor a todos quienes nos rodean.

La participación de los miembros de la comunidad, y especialmente de los jóvenes, con sus cantos, lecturas y participación fue muy significativa. Agradecemos a los sacerdotes Seva y Carlos, su acogida y al grupo misionero su colaboración y compromiso.
                     Muchas gracias, un gran abrazo Ximena, Misionera de Cristo Jesús.